Medea y los Peligros del Amor

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Me van a caer chinches…

Autor desconocido

Matar un hijo es el peor de los crímenes.

El atroz asesinato a manos de su padre de que fue objeto una niña de 5 años hace unos días pone de manifiesto, en mi opinión, el debate del amor.  Extranjero, desterrado, indocumentado, abandonado por su mujer, inadaptado, maltratante, agresor de mujeres, son algunas de las expresiones que hemos leído en la prensa para describir al cruel hombre que, terminada una relación amorosa, mató su propia hija para que la madre sintiera el mismo dolor que la soledad le producía a él.

Despiadado como suena, es imposible que no me recuerde la historia de Medea.  Cuenta el mito narrado por Eurípides en el siglo V a. C. que Medea, hija del Rey Eetes de la Cólquida, era una hechicera que se enamoró de Jasón, líder de la expedición de los argonautas que andaba lejos de sus tierras en la búsqueda del vellocino de oro, o la piel de oro de un carnero.  Con sus pociones mágicas, Medea ayudó a Jasón a superar las pruebas que el Rey Eetes le impuso y sabiéndose traidora de su propio padre huyó con Jasón quien le prometió matrimonio.  Ya en Corinto, Jasón acuerda con el Rey Creonte unirse a su hija y abandonar a Medea con quien se había casado y tenía dos hijos.  La extranjera asesina con un bello manto envenenado a la princesa Glauca y al intentar salvarla el Rey Creonte, envenenado, también muere.  En un ataque de cólera Medea asesina a los dos hijos que tiene con Jasón y apedreada y desterrada huye a otros destinos donde la tragedia le persigue hasta su muerte.  Luigi Cherubini la inmortalizó en 1797 en su Opera Medée y su extraordinaria aria Solo un Pianto.

En Argentina, Romina Tejerina mató de 21 puñaladas a su bebé recién nacido alegando que era producto de una violación y que no tenía derecho a abortar.  Durante su embarazo escondió su barriga con una faja.  En el juicio el imputado violador manifestó que lejos de tratarse de una violación, más bien se trató de una relación consentida.  Condenada a 14 años de cárcel, estudió leyes en la prisión y el 24 de junio de 2012 fue liberada tras cumplir la mitad de su condena.  Durante el juicio las protestas masivas de grupos feministas y de izquierda a favor de Romina y el aborto acompañaron los titulares de prensa y León Gieco la hizo más presente al dedicarle una canción en su honor titulada Santa Tejerina.

Imposible olvidar la escena –casi mítica– donde Johnny (Boy) Soprano quiere mudar su familia a Nevada a buscar nuevas oportunidades y su esposa Livia, la mujer fuerte, madre de Tony Soprano le dice respecto de los niños: “They are not going anywhere! I’d rather smother them with a pillow than take them to Nevada!

A Medea se la presenta femenina, fuerte, bruja y sabia, apasionada e inteligente.  Que olvida el amor por sus hijos para concentrarse en el amor que duele, en el que no se entiende, en el que no se percibe, en el amor que no es bueno, en el amor que es malo.

Existe evidencia que correlaciona el acto de matar un hijo con los problemas de las relaciones de pareja, particularmente, el maltrato por parte de los hombres hacia las mujeres.  Existe evidencia que tiende a demostrar que muchos de los filicidios, como se conoce el asesinato de un niño por su padre, son producidos por mujeres que han sido objeto de violencia en sus relaciones de pareja.  Existe evidencia que sostiene que la mayoría de los filicidas intentan suicidarse tras cometer el crimen. Cualquier evidencia que exista, jamás justificará este crimen.  Matar, sea en esta situación o en cualquiera, sea con la inyección letal o con la guerra, es y seguirá siendo un terrible crimen.

Amparados en el llamado Síndrome de Medea, juristas, sicólogos y feministas, justifican el filicidio, o al menos lo explican, desde una perspectiva de género.  Claro está, en nuestro caso más reciente, se trata de un hombre, maltratante, extranjero y desterrado.  No lo podemos llamar Medeo.

Pero nada… que el amor tiene peligros…  y matar un hijo sigue siendo el peor de los crímenes y parece que un mal amor… puede conducir a cometerlo.

Déjalos Volar

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Esta mañana cuando Sebastián me preguntó qué llevaba para su viaje le dije que estaba listo para volar, que preparara su Plan de Vuelo.

A los hijos hay que enseñarles a volar, o llevarlos donde le enseñen y entonces… dejarlos volar.  Ha sido consejo antiguo de los abuelos, con voz grave o de rumba, con voz tenue o fuerte: “mijo’, déjalo volar”.

Es una tendencia natural de la paternidad el proteger a los niños; velar por su salud y bienestar, que se alimenten bien, que estén protegidos y seguros, que tengan un buen descanso, que sean felices.  Pero en ocasiones se nos olvida que deben aprender a valerse por sí mismos, pues la tranquilidad, la felicidad y el éxito en la vida guardan relación con que se tenga una vida particular, que no tengamos que vivir la vida en función de otra vida, que podamos vivir por cuenta propia.

No puede salir del sartén nada mejor que lo que a él entra.  Si para cocinar utilizamos ingredientes de baja calidad y frescura no podemos aspirar a tener el mejor de los guisos.  Pasa igual con los hijos.  Solo si le damos lecciones buenas, ejemplos edificantes y el acceso a grandes oportunidades, ellos a su vez podrán reproducir lo aprendido para cuando tengan que volar por cuenta propia.  Los gritos apabullantes, histéricos y continuos de nuestra vecina a sus hijitas de tres y cuatro años, sin dudas, en nada contribuyen a su formación como personas balanceadas.

La escuela debería ser el vivero de la formación donde los niños adquieran todas las destrezas necesarias para desempeñarse adecuadamente como adultos.  Sabemos, sin embargo, que ello no es suficiente.  Sabemos también, que la vida moderna, la urgencia con la que pasan los días, la velocidad a la que se toma las más graves decisiones, o nuestro honesto y admitido desconocimiento sobre cómo hacerlo, en ocasiones impiden que los padres desempeñemos nuestra misión como instructores de vuelo.

En ocasiones no tenemos todas las herramientas que nos ayuden a formar a  nuestros hijos y es necesario buscar otros recursos.  Los amigos, los vecinos, la familia, los clubes deportivos, las organizaciones comunitarias y sociales, los Boy Scouts, la YMCA o las actividades académicas extracurriculares, son alternativas viables, usualmente económicas y de extraordinarios resultados en la formación de los niños.  Si no podemos hacerlo nosotros, nuestra misión es buscar quién nos ayude en tan crítica misión.  Lo importante es prepararlos, darle el acceso a la oportunidad y que sean ellos los que decidan qué harán; que un día te detengas y al mirar hacia atrás, con gran confianza en tus propios resultados, te des cuenta de que has hecho todo lo que tenías que hacer para decirle a tu hijo: estás listo, prepara tu Plan de Vuelo.

Al revisar el Plan de Vuelo toma en consideración tres cosas: dirección, alabeo y profundidad.  Dirección, garantízate que tienes definido el rumbo que habrás de seguir.  Alabeo, asegúrate que te puedes tumbar de lado para conseguir darle un giro a tu vida que mantenga en el rumbo escogido.  Profundidad, confirma que puedas subir o bajar el rumbo de tu ruta para llegar finalmente a tu destino.

Verifica con tus hijos que tengan su Plan de Vuelo y… déjalos volar.

Derecho a Jugar

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La Humanidad debe dar al niño lo mejor de sí misma

Declaración de Ginebra, 1924

En una sociedad donde el litigio obcecado y la ventilación sobre los derechos del más alto nivel de los seres humanos se debaten en cada foro imaginable a cada instante, preguntarnos si los niños tienen derecho a jugar parecería una broma.

Pero sí lo tienen.  Los niños tienen derecho a jugar.

Desde mediados del siglo XIX los europeos comenzaron a legislar reconociéndoles a los niños derechos que guardaban relación con prácticas trágicas sobre el empleo y su explotación en actividades no aptas para la infancia.  El siglo XX y sus guerras nos trajeron otras tendencias con iguales objetivos.  En 1924 se aprobó la Declaración de Ginebra sobre los Derechos del Niño, en 1959 la Declaración de los Derechos del Niño y en 1989 la Organización de Naciones Unidas aprobó la Convención sobre los Derechos del Niño.  El Artículo 31 de la Convención declaró “el derecho del niño al descanso y el esparcimiento, al juego y a las actividades recreativas propias de su edad y a participar libremente en la vida cultural y en las artes”.  A riesgo de decir lo obvio, no haría falta legislar un derecho, si todo el mundo lo reconociera.  Claro está, en el caso de los niños, su explotación visible e invisible, el maltrato institucional avalado por el Estados en tantas instancias de la historia y el hecho de que cada vez son más los adultos que adolecen de destrezas sociales e inteligencia colectiva, llevó a las naciones a declarar lo natural: los niños tienen derecho a jugar.  Y por supuesto, las necesidades de los niños de un estado en guerra, de una nación que muere de hambre o de un país desarrollado, nunca serán iguales.

La Real Academia Española de la Lengua define jugar como ‘hacer algo con alegría y con el solo fin de entretenerse o divertirse”.  La diferencia entre jugar y divertirse, entre jugar y entretenerse, es la alegría.  En el juego tiene que haber júbilo, gratificación, risas, expresión visible de la alegría que se siente cuando se juega.  Posiblemente el juego más básico que hayamos practicado con los niños, sean las cosquillas.

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Jugar es tan importante como comer, estudiar, asearse o mantenerse saludable.  Los beneficios del juego son incontables.  El juego ayuda al niño a explorar, a observar, a investigar, a pensar, a aprender, a comunicarse, a madurar, a socializar, a cooperar, a esperar, a estimular la imaginación, a desarrollar afecto, a canalizar energías, a aprender reglas, a desarrollar tolerancia, a su creatividad, a ejercitarse, a mejorar su condición física, a desarrollar su personalidad, a manejar la frustración, a fortalecer lazos familiares, a hacer amigos, a respetar los demás, a solucionar problemas, a superar escollos, a cooperar, a expresarse, a aprender a ganar y aprender a perder.

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Los juegos no tienen que ser complicados ni costosos.  Los juegos, de hecho, deben ser sencillos, espontáneos.  Mientras más sencillas son las reglas y mientras más emoción produce sus resultados, más alegre será el juego y más le gustará a los niños.  Como padres, debemos procurar darle a nuestros hijos la oportunidad de jugar y debemos ser cautelosos en distinguir lo que es un juego de lo que no lo es.  Muchas actividades lúdicas conocidas que les fascinan a los niños, no necesariamente son juegos que tienen los beneficios antes mencionados.  El fútbol, los videojuegos, el cine, el tiempo de ocio en la escuela, son actividades fenomenales de entretenimiento, que dependiendo cómo se lleven a cabo, pueden o no ser juegos con los beneficios antes mencionados.

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La rutina aburrida, la sobre protección, la manipulación, no son ejemplo de una paternidad responsable.  Los padres también podemos jugar, nos podemos incorporar a los juegos de los niños.  Los padres venimos obligados a estar pendientes de nuestros hijos, supervisar dónde, cómo y con quién se juega; darles ejemplos que sean espejos en los que se puedan reflejar, criarlos sanamente y siempre que podamos, jugar con ellos.  Darles la oportunidad de la alegría.

Es cierto, jugar es un derecho… pero no nos confundamos, pues bien visto, más bien se trata de una de nuestras más serias obligaciones.  Hoy es buen día para jugar con los niños.

Ricardo Alegría o cuando falta la conspiración

Hace dos años murió don Ricardo Alegría Gallardo, rey de la conspiración buena, el complot amoroso, la conjura patriótica.

ricardo_alegria_smY aunque no hablamos aquí de aquel acuerdo concertado para derrocar un gobierno o actuar ilegalmente contra el poder soberano, no fueron pocas las veces que en sus pláticas me sentía como vigía del Puerto de Southampton y organizador del complot que esperaba ansioso para detener con su propia vida al Rey Enrique V de Inglaterra ante su inminente embarque hacia Francia a luchar la Guerra de los Cien Años.

Había que estar sentado en aquella mágica sala o conversando relajadamente entre las sombras de los ladrillos que se disfrutaban en aquel delicioso balcón con vista panorámica a la Calle del Sol, para apreciar su propuesta de reclutar al archifamoso Henry Kissinger, demandar al Gobierno de los Estados Unidos de América y reclamarle la despojada soberanía o llevar a cabo la más grande de las afrentas y devolverle al mismísimo presidente de los Estados Unidos la Medalla Nacional de las Humanidades que en 1993 le había conferido Bill Clinton.

imagesFue don Ricardo Alegría quien junto a Graciany Miranda Marchand y otros tomó por asalto El Morro en una relajada noche cuando nada parecía ocurrir, quien tras un fogoso discurso entró al área restringida a los puertorriqueños en la Isla de Vieques y quien llevó al Senador Fullbright a un campo de golf en San Juan donde una de las pequeñas, duras y brillantes bolitas del exquisito juego cayó sobre la cabeza de la esposa del senador, moviendo a la maquinaria congresional a otorgar fondos para restaurar la Vieja Ciudad.

Conjuró, aunque ya casi todos lo saben, para imaginar, organizar, desarrollar y llevar a cabo muchas de las más grandes manifestaciones públicas contra gobiernos y contra abusos y a favor de las causas más valiosas del Pueblo y la defensa y promoción de nuestra cultura; la Nación en Marcha, la Marcha del Silencio.  Y movió con su complot de amor a todo un Pueblo, a todo un Gobierno burócrata y obstinado, a toda una Nación.

Ricardo-alegria-ArticuloSu conjura patriótica también nos legó las más valiosas restauraciones en El Viejo San Juan, y el Museo de las Américas, el Instituto de Cultura, el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe. Así como nos legó una fraternidad en la que se permiten negros y movió a los Niños Escuchas de Puerto Rico a cambiarle el nombre de su Logia de la Orden de la Flecha a Yokahú.

A riesgo de ser egoísta, confieso la falta personal que me hacen sus larguísimas conversaciones y sus interminables quejas de amor por este país.  Pero más que todo me hace falta, nos hace falta a esta patria, esa conspiración buena en la que era un Maestro, esa conjura en la que las voluntades se re-encuentran para actuar, ese complot para obligar a los detentan el poder a hacer lo tienen que hacer.

Nos hace falta esa conspiración.