Mi Querido Sebastián:

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Anoche te dejé en la que será tu otra casa por los próximos cuatro años.

Mientras subías aquella pesada maleta por las escaleras de los cuatro pisos de tu nuevo dormitorio, pensaba en la increíble hazaña de acomodar todo un clóset dentro de una sola maleta.

Bocadillo.  Claro, no podemos dejar de agradecer.  Al Tío Carlos su ayuda y sus consejos sobre qué, cuánto y cómo acomodar.  Al Tío Rafa que te compró ropa como si las tiendas fueran a dejar de existir.  Y al Tío Ricardo que te regaló abrigos que ninguno solo cabía en una maleta.  Sin olvidar la emoción de Lorenzo y las alcapurrias con las que Mamabuela nos despidió.

La mudanza.  Me dediqué a saborear cada instante en el que con meticulosidad y gusto propio acomodabas cada pieza de tu vida en el orden apropiado.  Hice un esfuerzo espantoso por no meterme, por no opinar, por ayudar sin poner un dedo donde no tenía permiso.  Y lo disfruté mucho aunque casi me amarro la mano.

Entonces.  Cuando todo estuvo listo.  Cuando cada cosa estuvo en su lugar y el rigor del tiempo te obligaba a terminar, arropaste la cama con una gigantesca bandera de Puerto Rico.  Ví cómo con gran dedicación y extremado cuidado la pusiste sobre la pared que resguarda tu cama.  Fue como una emotiva ceremonia.  Un gran momento.

La maleta.  En ese justo instante caí en cuenta, amado hijo, que en la maleta no solo estaba tu ropa.  En realidad, en esa maleta estaba acomodada toda una vida.  Tu gustos y costumbres.  Tus deseos vehementes.  Tus grandes anhelos.  La formación de toda una vida.  Integra.  Voluminosa.  Sólida.  Amorosa.  Fundamental.  Extraordinaria.  Patriótica.

Fuerte.  Te juro que estoy terriblemente emocionado mientras escribo estas notas.  Ese gesto de plantar bandera es tan excepcional.

¡Tan valiente!  ¡Tan atrevido!

El grito.  A pesar de todo lo que te han dicho y explicado.  A pesar de que vivirás en la nación extranjera.  En la boca del lobo.  A pesar de que serás mirado de reojo por tu acento.  A pesar de que te gusta escuchar a Ismael Rivera y sus Tumbas mientras te bañas.  A pesar de todo eso, arrancas con un grito de guerra.

Realidad.  El país está en serias dificutades.  Cierto.  Las cosas están malas.  Es verdad.  Pero te digo con el corazón en la mano que la confianza que tenemos en esos que como tú se van con ánimo de regresar, es más grande que la frustración de ver con tristeza a los que salen huyendo.

A partir de hoy, cada mañana al levantarte te encontrarás de frente con la insignia de la patria.  A partir de ahora, serás un vigía de los más grandes valores de esta gran nación.

Hijo, ve y estudia.  Ve a hacer todo lo que toca hacer.  Hazlo como te gusta.  Con ganas  Con pasión.  Con coraje.  Con gusto.

Lo sabes.  Aquí te estaremos esperando.  Con los brazos abiertos.  Con una gran esperanza de que mañana, gracias a ustedes, todo será mejor.

Un beso y un abrazo,

Papi

Aquí, para leer y releer la Proclama de los Diez Mandamientos de los Hombres Libres de Betances.  (Sustituye España por Estados Unidos y españoles por americanos)

Proclama de los Diez Mandamientos
de los Hombres Libres

[Proclama: Texto completo]

Ramón Emeterio Betances*

Noviembre de 1867

Puerto Riqueños

El gobierno de Da. Ysabel II lanza sobre nosotros una terrible acusación

Dice que somos malos españoles

El gobierno nos calumnia

Nosotros no queremos la separación; nosotros queremos la paz, la unión con España; mas es justo que pongamos nosotros también condiciones en el contrato.

Son muy sencillas.

Helas aquí:

Abolición de la esclavitud

Derecho a votar todas las imposiciones

Libertad de cultos

Libertad de la palabra

Libertad de imprenta

Libertad de comercio

Derecho de reunión

Derecho de poseer armas

Inviolabilidad del ciudadano

Derecho de elegir nuestras autoridades

Esos son los diez mandamientos de los hombres libres.

Si España se siente capaz de darnos y nos dá esos derechos y esas libertades, podrá entonces mandarnos un Capitán general, un gobernador… de paja, que quemaremos en los días de Carnestolendas, en conmemoración de todos los Judas que hasta hoy nos han vendido.

Y seremos españoles.

Si no No.

Si no Puerto Riqueños -¡PACIENCIA!- os juro que seréis libres.

R E. Betances

Las Buenas Compañías

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amistad.

(Del lat. *amicĭtas, -ātis, por amicitĭa, amistad, de amicus, amigo, que deriva de amare, amar).

1. f. Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato.

Me emociona el amor que se profesan entre sí Sebastián y sus amigos.

Sebastián describe así a algunos de sus amigos (favor de hacer click AQUI para a partir de ahora seguir leyendo escuchando Las Malas Compañías de Serrat):

Alberto – Insistente

Alan – Labioso

Andrea – Hipster

Christian – Hermano

Daniel – Presente

Ethan – Payaso

Gian Luigi – Eléctrico

Guillermo – Memo

Henessy – Divertida

Houston y Hyuk (Lee) – Hermanos

John Paul – Recto

Jorge – Hablador

José – Estudioso

Jowi – Creativo

Julián – Apasionado

Kiara – Amable

Marcos – Orgulloso

Mario – Triunfador

Miguel – Romántico

Samuel – Leal

Sara – Fuerte

Sebastián – Intenso

Sofía – Diferente

Viviana – Determinada

Hay algo profundo, sensible, conmovedor, intenso, entre esos muchachos de 18 años que cuando se encuentran se besan y se abrazan, igual que Sebastián lo hace con su hermano.

Me sorprende la madurez y el razonamiento intelectual con el que respetan la diversidad.  La inteligencia con la que se miran y reconocen sus diferencias.  La comodidad con la que integran a sus hermanos menores en muchas de sus actividades.

Hemos evolucionado como sociedad.  Sociológicamente.  Antropológicamente.

Al decir de Neruda: “Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”.

La manera en que hemos desarrollado las ciudades y los asentamientos humanos ha permitido un reencuentro continuo de los individuos.  El envolvimiento activo de los padres en la crianza y la concienciación de que son objeto los muchachos en la escuela.  La transformación en la filosofía educativa.

El pijama party se transformó en el sleepover que permite que tanto niñas como varones se queden en la casa de sus amigos.  Es como un rito de transición casi obligatorio.  Un puente que conduce desde la niñez hacia la integración de los jóvenes en las distintas tribus.  Es casi una sucesión de la Confirmación o el Bar Mitzvah en una sociedad menos religiosa y más civil.

Como padres siempre estaremos pendiente de los amigos de nuestros hijos.  Y por supuesto, de sus costumbres, de su carácter, de su estilo.  Recuerdo a Serrat y DOY FE de las buenas compañías de mis hijos.  Pongo en la boca de ellos las palabras del poeta:

Mis amigos son sueños imprevistos
que buscan sus piedras filosofales,
rondando por sórdidos arrabales
donde bajan los dioses sin ser vistos.

Mis amigos son gente cumplidora
que acuden cuando saben que yo espero.
Si les roza la muerte disimulan.
Que pa’ ellos la amistad es lo primero.

¡Lorenzo está grande!

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Lorenzo es un hijo excepcional.

Lorenzo es un ser muy espiritual.  Que no solo ve cosas que otros no han visto, sino que vuela alto hacia las cumbres, imaginando, soñando, preguntando, aprendiendo, entendiendo.  Hurgando más allá.

Lorenzo siempre ha sido previsor.  Ha logrado ver cosas antes de que ocurran.  Y esa es una habilidad.  Pues ver antes que los demás sigue siendo el deseo más deseado, el poder más poderoso, el mejor don dado.

Lorenzo es profundo y cauteloso.  Observa sin enjuiciar.  Logra desbridar el hecho de su opinión propia.  Calcula sus palabras y sus movimientos y los ahorra con mucha naturalidad.  Y eso es un gran talento en estos días de opinioneros y analistas.  Días de especialistas en explicaciones, en deducciones, en alocuciones.

Lorenzo adora la historia y las biografías.  Conoce de guerras y de naciones, de demarcaciones y de jurisdicciones.  Le gusta engullir el dato.  Pero además le gusta descorrer la cortina a ver que se guarda detrás, descubriendo el hecho, buscando el motivo, destapando la justificación.

Lorenzo pregunta sobre la gente, la familia, los vecinos, la niñez.  Le gusta conocer sobre la evolución de las personas, sobre su desempeño por los diversos caminos.  Descartando los tropiezos.  Elogiando las hazañas.  Admirando las fortunas.

Lorenzo es bondadoso y desprendido.  Tiene poco apego por lo material.  Quiere poco.  Y lo que tiene también lo quiere poco.  Pero tiene una gracia innata para el comercio y el ahorro que cualquiera quisiera dominar.  Tiene la habilidad de identificar siempre la oportunidad.

Lorenzo es respetuoso.  Aún contagiado por la enfermedad contemporánea del tuteo, se dirige a los adultos con miramiento y consideración.  Da gusto ver a Lorenzo dirigirse a su abuela, respetando la edad, la sabiduría y el vínculo de sangre que los ata en propiedad.

Lorenzo ama los animales y la naturaleza.  Se entiende muy bien con las maravillas de la Creación.  Hace contacto urgente con el bosque y con los mares, con la tierra y con los cielos.  La conexión que hace Lorenzo es de las del tipo vital, mágica, intuitiva, dos se hacen uno sin esperar.

La voz de Lorenzo se ha tornado gruesa, fuerte, poderosa.  Como si tuviera una caja de resonancia empotrada en el pecho que le quisiera estallar.  Pero Lorenzo suele hablar sin quejarse, tranquilamente, sin oponerse, sin complicarse.  Y es que las voces fuertes se escuchan mejor en las personas que también lo son.  Si la fortaleza de voz y cuerpo va acompañada de suavidad y apacibilidad, entonces la combinación es dulce sin ser mansa.  Y esa también es su habilidad.

Lorenzo es cariñoso, amoroso y familiar.  Me abraza, me toca, me mima.  Lorenzo es espectacular.

Y ha crecido tanto.  Se ha puesto tan grande.  Que se lo quiero celebrar.

 

NOTA para Sebastián: No te pongas celoso que ya pronto te tocará.

Ya Volvemos a la Escuela

ImageDe niño me encantaba la escuela.  El día antes de que empezaran las clases ponía toda mi ropa nueva en la puerta del cuarto: camisa, pantalón, corbata, correa, zapatos, medias, ropa interior y un bulto atestado de libros.  El primer día mi madre nos tomaba una foto con el uniforme nuevo frente a la casa.  Esa foto revelaba la intensa negociación que mi hermano y yo habíamos tenido con ella en cuanto a los zapatos de moda que queríamos, los que ella declaraba aceptables y, claro está, los que se podían pagar.

Pero no a todos los niños les gusta la escuela.  No todos los niños van con ropa nueva a la escuela el primer día de clases.  Algunos se frustran porque les aburre, otros se intimidan porque le sienten hostigados y para los más, es la forma más cómoda de socializar con otros niños.  Ello, sin olvidar la pobreza que sigue siendo el mayor obstáculo para el acceso a la educación.

Los sistemas educativos del mundo entero están en crisis.  De una parte, cada vez estamos más exigentes con los resultados que debe producir la escuela al tiempo que al sistema se le hace cada vez más difícil estar al día con los cambios políticos, tecnológicos y muy en particular, las transformaciones culturales.  La homogenización de los procesos de enseñanza niega lo obvio: que todos no somos iguales.

En consecuencia tenemos bajas matrículas en las escuelas, altas tasas de deserción escolar, desempleados con grados universitarios y profesiones de la más alta reputación y, como producto final, fugas de talentos y una decepción generalizada.

A nivel personal, en el hogar, hemos transformado nuestra exigencia a los niños por las exigencias a los maestros.  Restamos autoridad al conocimiento, prácticas y desempeño de los maestros, muchas veces frente a los propios niños.  Ni hablar de los padres que dejan de cumplir su responsabilidad para dirigir los hijos a que aprovechen las oportunidades educativas disponibles.

El reconocimiento de derechos a los estudiantes y a los maestros y el continuo abuso de esos derechos crean un ambiente de intolerancia al compromiso cívico de los maestros, los estudiantes y de sus padres.

Urge una transformación de los sistemas educativos a nivel institucional.  La revisión profunda se debe centrar en el objetivo de la educación integral al ser humano, reconociendo ante todo que las inteligencias, las capacidades y los talentos no se empacan a granel y no se administran a todos en igual ración.  La escuela tiene que educar a partir de las necesidades de los niños y de la visión del futuro del país con la que la mayor parte estemos de acuerdo.

Debemos educar a los niños, pero tenemos también que educar a sus padres.  Así como no se puede obligar a una persona a ser un buen padre o una buena madre, tampoco será fácil obligarlos a cumplir con sus obligaciones de dirigirlos en la educación.  Solamente educando a los niños tendremos un gran país y solamente educando a sus padres tendremos grandes estudiantes en las escuelas.

La educación de calidad requiere tiempo del valioso y dedicación de la agotadora.  Como un buen guiso, el mejor sofrito, las mejores verduras, las hierbas más frescas y las carnes más tiernas… y tiempo, mucho tiempo.