La Creación

SALTO AL REVERSO

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por Reynaldo R. Alegría

Génesis 1

La Creación

En el principio se crearon los murales de la Cueva de Chauvet.

Y las cuevas estaban desordenadas y vacías, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Ellos se movía sobre la faz de las aguas.

Y dijeron Ellos: Sea el Pigmento; y fue el Pigmento.

Y vio Él que el pigmento era bueno; y separó Ella el pigmento por colores.

Y llamó Él a la luz Blanco, y a las tinieblas llamó Negro. Y fue la tarde y la mañana un día.

Luego dijeron ellos: Haya expansión en los medios, y separaron el lienzo del muro, de la madera, del papel y del tejido.

E hicieron Ellos la expansión, y separaron las formas de los colores y las texturas.  Y fue así.

Y llamaron Ellos a la expansión Pintura. Y…

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Elixir del Sexo

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por Reynaldo R. Alegría

Tus palabras me embriagan.  Me hipnotizan.  Me toman desprevenida y me seducen.

Los hombres solamente tienen tres cosas con las que me pueden conquistar.  Lo admito.  Dinero.  Cuerpo.  Palabras.  Las primeras dos son buenas.  Muy buenas.  Aunque mal cuidadas pueden ser pasajeras.  El dinero y el cuerpo son fáciles de gastar.  Fungibles.  Mal combinados pueden ser caóticos.  Dinero sin cuerpo, se acepta mientras dure.  Cuerpo sin dinero, cansa rápido.  Pero la palabra.  La palabra no se agota.  Nunca se cansa.

No te engañes.

No me engaño.

Me gusta el dinero.

Me encantan los buenos cuerpos.

Pero tus palabras me fascinan.

¿Recuerdas cuando me llevaste a cenar al restaurante italiano en la Vieja Ciudad?  Me vestí especialmente para la ocasión.  Te impresioné muy fácil.  Una falda corta con la cual poder lucir mis esculturales piernas.  Una sencilla blusa con un pronunciado escote que dejara a tu vista el Canal de Suez que producen mis enormes pechos.  Y unos zapatos elegantes que tenía reservados para una ocasión especial. Conociendo tu fetiche por los pies me tomé toda la tarde para pulirlos y acariciarlos y pintar sus uñas de un color rojo brillante que con solo verlos llamaran tu atención.

Pero lo que no imaginaba.  Lo que no se me hubiese ocurrido.  Era que tus palabras se escurrirían en mi copa y se transformarían en brebaje afrodisiaco.  Cada sorbo del vino rojo, acompañado de una palabra, me estimulaba más.

Tu historia sobre la preparación del antipasto de berenjenas de la Calabria.  El cuidado de cada palabra escogida.  La descripción del color púrpura intenso de la berenjena.  La importancia de la brillantez del color de su piel.  Tu narración sobre cómo desde el año 2000 a. C. fue viajando el fruto desde el noreste de la India hasta llegar a los cálidos países del Mediterráneo.  Me hacían sentir ganas de ti.  Un deseo incontenible de sumergirme en la pasión con ese ser que electrifica mis emociones.  Que me produce un fantástico apetito sexual.

¡Mi cuerpo pedía tu cama!

Solo tienes una cosa con la que me logras conquistar.  Debo escucharte pronto.  Necesito tu elixir del sexo.

Foto: The Love Potion – Evelyn De Morgan, Public domain

Femme Fatale

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por Reynaldo R. Alegría

Soy insaciable.

Me es muy fácil servirme de ellos.  Usarlos.  Manipularlos.  Ponerlos de cabeza.  De rodillas.  A mis pies.

Tengo lo que ellos desean.  Cuerpo.  Belleza.  Inteligencia.  Erotismo.

Tengo su tiempo.  Sus atenciones.  Sus ganas.  Sus viajes.  Sus regalos.  Sus sueños.  Sus desventuras.  Como quiera.  Cuando quiera.  Con quien quiera.  Como Dalila.  Soy dueña de los secretos de cualquier Sansón.

Tengo vacío y soledad.  Tristeza.  Falta de besos.  Y de abrazos.  Exceso de vino.

Lo tengo todo.

Foto: Mata Hari, dominio público

El primer beso de Rodolfo

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por Reynaldo R. Alegría

Laurita era bella.

Teníamos 17 años cuando la vi acompasando sus pronunciadas caderas por los pasillos de la escuela mientras su melena color de miel bailoteaba al viento.

Siempre iba vestida con la misma ropa.  Éramos pobres, aunque aún no lo sabíamos.  Eran los días en que pensábamos que pobres eran los miserables y hambrientos y que nosotros estábamos en ese prestigioso limbo llamado clase media donde no teníamos nada pero éramos felices y honrados.

Laurita solía calzar unas menudas chancletas plásticas transparentes de una escuálida suela y una tira que le amarraba el pie entre los primeros dos dedos hasta el talón.  Sus pies cuadrados de dedos redondos, con los tres más grandes de la misma longitud, acumulaban la tierra y el polvo de la caminata diaria que hacía a la escuela y la tierra seca y sin grama sobre la que acostumbrábamos andar.

Nos gustábamos.

Hablábamos todo el tiempo libre que teníamos.  Nos mirábamos con dulzura.  Sentíamos un respeto mutuo por nuestra manera –entonces muy silvestre– de concebir la vida.  Yo hacía un esfuerzo respetable por entender su protestantismo de puertorriqueña criada en el Bronx de Nueva York, mientras ella le dedicaba tiempo a mis primitivas costumbres de barrio, incluida la vida social en la Parroquia Católica de la comunidad.

Recuerdo perfectamente aquella noche.  Ella había aceptado ir a una fiesta del grupo de jóvenes católicos.  Nos queríamos ver, aunque de eso no se hablaba.  Laurita llegó con el vestido que usaba para asistir los domingos a su Iglesia, uno que usaría una mujer del doble de su edad, y con unos zapatos cerrados, que posiblemente tomó prestados a su mamá.

Corrían los días de moda de la Fania All Stars y las fiestas de jóvenes en los suburbios pobres se hacían en las marquesinas donde se guardaban los automóviles y en las pequeñas salas de las casas donde apenas se acomodaba una butaca, un sofá y un comedor.  Entre la salsa golda de Larry Harlow y Bobby Valentín, ocasionalmente se colaba algún bolerito de Richie Ray y Bobby Cruz.  El corazón se me alborotaba cada vez que se escuchaba la música suave con la que los cuerpos bailan pegados.

Entonces de repente, cuando se escuchó a Ismael Miranda terminar de cantar María Luisa, Santos Colón arrancó a cantar Horas y Minutos; quiero estar a tu lado las horas y minutos que marca el reloj.  De frente a Laurita le extendí mi mano y por primera vez en la vida la toqué.  Con mi mano caliente aguantando la suya fría, la traje asustado hacia el centro de la sala y antes de que me diera cuenta ella me había arropado con sus brazos alrededor de mi cuello y yo tenía puestas mis manos sobre sus caderas.

Calzada con tacos la altura de Laurita era suficiente para depositar su barbilla sobre mi hombro derecho.  Cerramos los ojos y nuestros cuerpos se juntaron.  Descubrí su olor particular.  Uno que nunca había conocido.  Suave, seco, nada dulce, como si se hubiesen macerado los delicados pétalos de la más fina de las flores.

El corazón se me quería salir.

Casi a punto de terminarse la canción, Laurita retiró su cuerpo del mío.  Sentí vergüenza.  Estaba convencido que ella había sentido mi excitación.

–Bésame Rodolfo.

Me acerqué.  Puse mis labios sobre los de ella.  Ella arropó mi cuello con su brazo derecho y me puso su mano izquierda sobre mi rostro y por primera vez yo la abracé. Nos mantuvimos quietos.  Con nuestros labios puestos unos sobre los otros.  Sin movernos hasta que terminó la canción.

Puede que antes hubiese tenido un beso.  No lo recuerdo.  El primer beso que recuerdo es el de Laurita.  Y cuando quiero pensar en un buen beso, siempre pienso en ella y en su olor.

Foto: Pareja de Adolescentes por Daniela Alejandra Robles

El Flamboyán de Ileana

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por Reynaldo R. Alegría

Hoy plantamos un árbol en homenaje a Ileana.

En el jardín de este lugar especial donde tantas alegrías compartimos con ella.  En la escuela de nuestros hijos.  Donde ella nos enseñó, con su propio ejemplo, a celebrar la vida.  Sentados en este mismo lugar donde después de haberse caído el árbol de flamboyán que adornaba este espacio muchas veces conversamos sobre la imperiosa necesidad de reponer aquello de lo que la naturaleza nos había despojado.  Y aquí estamos, restaurando nuestro jardín con el recuerdo de Ileana.

Originario de la selva seca de Madagascar, donde está en peligro de extinción, el árbol de Flamboyán se ha convertido en símbolo de puertorriqueñidad, de nuestra cultura.  No hay forma de hablar de nuestra buena naturaleza sin hablar de nuestro flamboyán; como no hay forma de hablar de la gente buena, sin hablar de Ileana Durán.

¡Se parecen tanto Ileana y el flamboyán!

El flamboyán alza vuelo rápido, así como se desarrolló el crecimiento espiritual de Ileana.  El follaje del flamboyán es denso y extendido como fue la vida de ella en este plano.  Sus flores son grandes, como su corazón; con cuatro pétalos de color rojo intenso, como ardiente fue su amor por la vida; y un quinto pétalo en el centro, amarillo y blanco, que es más largo, como fue extendida su voz.  Las vainas maduras del árbol son leñosas y fuertes, de color castaño oscuro, como impetuosa era ella; aunque sus semillas son pequeñas, como la ternura con la que acercó a la amistad.  Vainas que en El Caribe usamos como instrumentos de percusión, como maracas que nos recuerdan a la mujer fiestera y sandunguera.  Su follaje, que se extiende ampliamente, provoca una sombra amplia que cobija al cansado –como tanto consuelo ella brindó–.  Y como a ella, que le encantaba sentarse a mirar nuestro mar, el flamboyán necesita de un clima tropical.

En Puebla y Veracruz, la corteza se aplica macerada sobre las articulaciones, como paliativo contra el reuma.  En Michoacán, se utiliza la cocción de las flores administrada por vía oral para problemas respiratorios como tos y asma bronquial.  Como se aplicaban sobre nuestra vida sus remedios caseros para aliviar la tragedia y combatir la adversidad.  En Puerto Rico el flamboyán es un árbol fuerte y resistente a tormentas, como ella que se mantuvo incólume ante el huracán.

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Pronto, cuando este flamboyán florezca, se posará sobre este jardín una fantástica alfombra de hojas rojas que nos recordará su pasión.  Cuando este árbol crezca servirá de amparo para el agotado, de espacio de juego para los niños y de refugio para los jóvenes enamorados que se esconderán detrás de su tronco para disfrutar de su primer beso y nunca olvidarán que fue en este lugar.  En el flamboyán de Ileana, una gran mujer que se dedicó a celebrar la vida.

Revista Salto al reverso #1

Comparto con mis amigos la Primera Edición de la Revista Salto al Reverso en la cual me han publicado un poema y un relato. Espero la disfruten y la compartan.

SALTO AL REVERSO

Ya está publicada la primera edición de la revista Salto al reverso (marzo-abril).

imagen portada

Les dejo los links:

Podrán ver ésta y las demás ediciones de la revista en el menú principal Revista.

Si les interesa participar en la siguiente edición, llenen el formulario aquí.

Espero ayuden a promocionarla en sus blogs y en las redes sociales.

Muchas gracias a todos los que participaron en esta edición:

  • Alejandro-Cifuentes-Lucic
  • andreascorbutti
  • Benjamín Recacha García
  • Carlos Quijano
  • Crissanta
  • Cristina Cobos López
  • Edgar Salazar
  • Eduardo J Castroviejo
  • Fiesky Rivas
  • Jade
  • Josep García
  • Junior R. Velazquez L.
  • lachicaimperdible
  • Libeasler
  • M3RcVR†(O))))))
  • Monogramo
  • Palagrafías (Manuel Alonso/Noelia Hernández)
  • Reynaldo R. Alegría
  • Roberto Cabral Castañeda
  • Tone Kihara

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Se nos fue Ileana…

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por Reynaldo R. Alegría

Después de haberlo hecho todo; sin perder tiempo, si es que hay tiempo; sin hacer nada innecesario, si es que puede haberlo; celebrando la vida, porque para ella solo había cosas vivientes; planificando el próximo viaje, en un crucero con camarote con balcón para disfrutar del infinito; así se nos fue Ileana.  Sólo algunos pueden abandonar este plano de la vida física y ser recordados por siempre.

Espinosa, coqueta, bondadosa, conversadora, polemista, alegre, embelequera, maquinadora, creyente, guerrera, triunfadora, se nos ha ido como desde el primer día, ¡celebrando la vida!

Conozco pocas personas con la valentía, las ganas y la fuerza de Ileana Durán.  Creo que como Einstein, para Ileana no había tiempo.  Como el genio, ella lo concebía todo relativo.  Son pocos los que ante el cáncer evitaron quejarse y decidieron festejar.  Cuando la Clase de 2013 de Robinson School le dedicó su Ring Ceremony Ileana nos dio una lección de vida y energía.  Entonces pasaba por días muy duros. Allí, junto a los muchachos de la clase, estábamos sus panas, Liza, Ivonne.  Increíble, como pueda parecer, lo que para nosotros era causa de un gran dolor, para ella era motivo de una gran alegría.  Aún me retumban en la cabeza sus palabras que nos dejaron con el corazón en la garganta mientras la aplaudíamos hasta que se nos quemaron las palmas de las manos:

–Lo único que les puedo decir es que celebren la vida y se mantengan planificando.  No importa lo que pase, aún en la peor de las adversidades, no dejen de planificar.  Keep planning!  Keep planning!

Creo que Ileana era como una Diosa.  Quizá por su profesión de nutricionista me recuerda a Deméter, la diosa madre, la diosa de la cosecha, la de los alimentos que brotan de la tierra, la protectora de la ley sagrada.  Quizá por eso se refería a sus hijos como miembros de la Realeza.  A los tres los llamaba por su nombre completo:

–Ileana María, que nació Reina.

–Manuel Alberto, que se cree Rey.

–Sara Cristina, mi Princesa.

¡Qué mujer fuerte y fantástica fue Ileana!  Hay pérdidas que son irreparables y esta es una, la de la familia con la que uno no nace pero uno decide escoger.  Sin embargo, me alegra saber que esta hermana nos dejó el camino trazado.  Empuñadora de la bandera de las grandes causas para muchos: la comida inadecuada en la cafetería, el maestro incompetente, el acceso a la oportunidad para los hijos, las visitas con su hija a las universidades en Estados Unidos; también fue gran luchadora de las causas gigantescas para ella, aunque aún pequeñas para otros: sus retiros en Manresa, la Marcha por una Causa, el Relevo por la Vida, la Sociedad Americana contra el Cáncer.

Para Ileana el aprecio por la vida se demostraba en su celebración.  Para referirse a sus lesiones corporales, solía decir que en las placas su cáncer aparecía como un árbol de Navidad.  ¡Qué mujer que pudo convertir la adversidad en alegría!

Los amigos de Ileana tenemos muchas formas de recordarla, escuchando la música relajada en el Jazz Fest, janguenado con los panas en el Culinary Fest, caminando por las Fiestas de la Calle, en el “Junte de los Cincuentones” de su Clase de San Antonio, desfilando con Manuel y Sara en el Senior Prom, haciendo sus viajes en la noche a Casa Manresa en Aibonito, planificando su próximo viaje en crucero; pero yo escojo recordarla como más la disfruté, en el Robinson Idol de abril de 2009, cuando ante un público delirantemente emocionado cantó y bailó Dancing Queen y se sintió por siempre realizada.

You are the dancing queen, young and sweet, only seventeen

Dancing queen, feel the beat from the tambourine

You can dance, you can jive, having the time of your life

See that girl, watch that scene, diggin’ the dancing queen.

 Hasta luego panita…