De cena con Aurorita

Credit cards

por Reynaldo R. Alegría

El viernes, 14 de febrero de 1992, recibí una carta del Banco Popular con una Tarjeta Visa y el siguiente mensaje:

¡Felicidades!  Bienvenido al exclusivo mundo de VISA Banco Popular.  Con esta tarjeta tienes un pasaporte a tiendas, restaurantes y compras de todo tipo en todo el mundo.

Después de darme muchas ideas de cómo gastar los $500 dólares de crédito que me habían autorizado y con la firma de nada más y nada menos que del flamante Presidente del Banco, Richard Carrión, terminaba diciendo:

            Hoy es un buen día para usar su VISA Banco Popular.

Había conocido a Aurorita en la Biblioteca de la Facultad.  Y había quedado enamorado en el instante en que la vi.  Su cabello rubio y sus ojos verdes como canicas de vidrio me hacían recordar a las muchachas que representaban a la Virgen María en la Procesión de Viernes Santo.  Sus manos tan limpias y sus uñas tan comedidas, rosadas y sin esmalte, me hacían sentir unas ganas horribles de que me tocara.

Habíamos tenido salidas casuales, casi todas en la universidad, pero nunca una cena formal.

— ¿Quieres ir a cenar esta noche?

— ¿Pero hoy?  ¿Es Día de los Enamorados?

— Precisamente…

— Pero… es que… no sé… no tengo que ponerme…

— ¡Vamos!  Te recojo a las 7:30 de la noche.

— Okay.

Aunque nunca había pagado una cuenta, mi experiencia como voluntario con el Senador Torres me había permitido visitar muchos restaurantes de la Capital.  Conocía de primera mano la cultura del restaurante y hasta entendía bastante sobre vinos como para seleccionar respetablemente.  Escogí un lugar bastante emblemático de la Avenida Roosevelt donde ya me conocían los meseros, y como decía el Senador:

— Nada más importante que te conozcan y te saluden por tu nombre en un restaurante, particularmente si no andas con tu mujer, solo hay una primera impresión.

Llegué puntual a recoger a Aurorita.  Me senté en el balcón de la casa lo más paciente que pude y esperé 47 minutos en lo que terminaba de arreglarse.

— ¡Dios mío!  ¡Eres bella!  ¿Alguna vez te lo había dicho?

— Desde el primer día cada vez que me ves…

Le entregué las flores que le había comprado y nos fuimos a cenar.

Descorchamos un Pouilly-Fuissé, el preferido del Senador.  Estaba delicioso.  Frío.  Con cuerpo.  Aromático.  Se sentía en mi nariz el olor del roble.

— ¿Te gusta?

— Está rico.

— Apenas te tomas algunos sorbos.

— No soy de tanto tomar, pero está rico.

Para los aperitivos, Aurorita no escatimó.  Pidió un sampler de entremeses locales.

— ¿No te gustaron?

— Están ricos, es que no soy de tanto comer y no quiero llenarme para la comida.

De plato principal, Aurorita le hizo caso a los buenos consejos del mesero y pidió surf and turf.  Así, le llegó un precioso plato con media langosta y un pedazo de filete impresionante.  Ella picó un pedacito de cada uno y seguía conversando sin volver a comer.  Al rato se apareció el mesero.

— ¿No le gustó la comida a la señorita?

— Está riquísimo, es que no soy de tanto comer.

— ¿Se la pongo para llevar?

— No, bendito.  No se preocupe.

Confieso que en esta etapa de la noche y sumando en mi mente que ya había gastado casi una tercera parte de mi crédito con Banco Popular, estuve a punto de pedirle al mesero que me pusiera toda la comida que sobró en un doggy bag.  Pero nada, su menudito cuerpo justificaba esa escuálida ingesta de apenas 100 calorías.

Y pasaron los años.

El jueves pasado me encontré con Aurorita en el correo justo en el momento en que abría un sobre con una tarjeta VISA que no había solicitado.  Me eché a reír y le conté a ella.

— ¿No sabías que es de mala educación comer mucho en las citas?  Mi madre siempre me exhortó a comer en la casa y así no comer mucho en el restaurante.  A los hombres no le gusta que las mujeres coman mucho.

Junto a la tarjeta venía a una carta del Presidente del Banco que me animaba a usarla… “hoy es un buen día para usar su VISA…”.

— ¿Cenaste?

— Vamos, aunque no soy de comer tanto.

Foto: Three credit cards, Petr Kratochvil

Premio Dardos

premio-dardos

por Reynaldo R. Alegría

Janis 62 me ha nominado al premio Dardos.  Bella Espíritu mantiene su blob en http://norapcura.wordpress.com/ donde nos cuenta por qué escribe:

“A veces escribo cosas que siento, siempre canto, siempre la música me acompaña. Y ando por la vida queriendo guardar esos pedacitos de belleza que veo por ahí… sin conseguirlo porque la belleza es inasible..”

Las reglas que deben seguir quienes acepten la nominación son las siguientes:

  1. Incluir una imagen relativa al premio Dardosen el post de aceptación.
  2. Mencionar indicando el enlace del blog origen donde se ha otorgado la nominación.
  3. Nominar a otros 15 blogueros. Se debe incluir el enlace al blog nominado y notificar tal nominación.

Aquí mis quince nominados:

  1. Salto al reverso

http://saltoalreverso.com

Un colectivo de artistas fabuloso

  1. Roberto Cabral

http://www.robertocabralfotografia.wordpress.com

Fascinantes fotgrafías

  1. Violeta Voltereta

http://violetavoltereta.wordpress.com

lustradora y dibujante itinerante

  1. Enrique Urbano

http://letramusicaypoesia.wordpress.com

Los lunáticos son fanáticos de la Luna.

  1. Palagrafías

http://palagrafias.wordpress.com

Imágenes y poesía

  1. Tone Kihara

http://tonekihara.com

Divagaciones y poemas

  1. Crissanta

http://crissanta.com

Sueños… más allá de la vigilia

  1. Rotze Mardini

http://rotzemardini.com

Mundo onírico: destino y en vidas pasadas

  1. Natalia Penchas

http://nataliapenchasdotcom.wordpress.com

Cocina y fotografía

10.  Después de la media rueda

http://mediarueda.wordpress.com/

Ahora que la rueda gira cada vez con más prisa, es tiempo de chisme y cotilleo.

11.    Automatismos diarios

http://automatismosdiarios.com/

Iniciado como una especie de catarsis, ahora es un espacio para describir y mostrar todo aquello que acontece al día… que se tatúa en el sentir. Es un lugar para gritarle a aquella persona como se viven, en carne, los sentimientos matutinos.

12.   Eco social… ojo crítico

http://ecosocialojocritico.wordpress.com/

Ojalá se acuerden de que hablamos con acento andaluz abogados, marineros, médicos, albañiles, arquitectos, investigadores de alto nivel, camareros, taxistas, prostitutas, jueces, enfermeras, empresarios, policías, obreros, agricultores; se acuerden de millones de personas que se parten los cuernos cada día, desde Ayamonte hasta el Cabo de Gata, millones de andaluces que siguen haciendo Andalucía más allá de Despeñaperros…

13.  Laberinto donde no existe tiempo ni lugar

http://tsutomu5.wordpress.com/

Bitácora de reflexiones y pensamientos.

14.   La Recacha

http://benjaminrecacha.com/

El experimento epistolar entre Toni Cifuentes y Benjamín Recacha para hablar sobre nuestra aventura literaria, el proceso creativo y el mundo editorial en general sigue adelante, creciendo con cada nueva carta. Aquí tenéis la que me acaba de llegar. Como siempre, interesantísima.

15.   La Chica Imperdible

http://lachicaimperdible.wordpress.com/

Lugar no apto para gente que no tolere el azúcar.  Este blog surgió como una medicina. Como una terapia de choque.  Con el tiempo, ha evolucionado. Dossier, blog, cuaderno de notas, de esbozos… Llámalo como quieras.

Amigos que juegan

Martin_Van_Maele_-_La_Grande_Danse_macabre_des_vifs_-_34

por Reynaldo R. Alegría

A las 2:45 de la tarde del martes, 16 de septiembre de 2014, recibí un mensaje por WhatsApp.

— Compláceme y escribe sobre la lujuria del dolor y el placer.  Después de todo ese gusto te lo debo a ti.

— Me vas a tener que explicar por qué ese gusto me lo debes a mí…

— Bueno hubo una noche que en el juego de cuerpos ese hombre mordió y apretó todo mi cuerpo de tal modo que mi piel blanca se volvió azul y morada.  No se dio cuenta de la rabia  de él sobre su cuerpo.  Ella solo sintió cómo el dolor comenzó a cegarla de placer nuevo y desconocido…  otro nivel para su ya conocido hedonismo… ¿entendiste?

— Perfectamente…

— ¿Ahora me complaces y escribes?

— Será un placer.

— Sal de ahí… para que sepan que esta boca es mía… como dijo Sabina…

La diferencia para que dos personas tarden dos meses o dos horas para estar juntas después de conocerse depende del arrojo y la osadía con que se miren a la cara y uno de ellos le diga al otro sin tapujos, a las dos horas de haberse visto por vez primera, vámonos a mi cama.  Las flores y los chocolates son grandiosos para un buen romance… y para esperar dos meses para ir a la cama.

Una noche, de niño, miraba una pelea de boxeo.  ¿Has visto un boxeador herido y maltrecho, que sangrando celebra haber ganado un combate?  ¿Has pensado que ese hombre tiene mucho dolor?  ¿Pero vez cómo se regocija por su victoria mientras la sangre le baña el rostro?  La victoria produce placer ante el dolor.  Me di cuenta desde niño.

A  Miraida, mi vecina de cuando era niño, le gustaba que la pincharan en el dedo y le sacaran sangre.  Gritaba.  Y entonces pedía que se lo hicieran de nuevo.  No dolió, decía.  Me gusta.  Hay personas como ella y como tú, que tienen un umbral más alto del dolor.  A quienes el alivio que le provocan las endorfinas que producen su cerebro ante el dolor los excita.  Aquellos a quienes el dolor consentido se les redistribuye a las zonas del cuerpo que producen placer.

Que te dejaras llevar a mi conquista urgente, de dos horas en vez de dos meses… o dejarme conquistar por ti, me hizo sospechar que la falta de control te emociona.  Además, tenía muy frescos esos libros del Marqués de Sade que me había prestado Teresa.  Y tenía fresco sus cuentos.  Esos de que le gustaba que le halaran el pelo mientras tenía sexo.

A ti te quise morder.  De a poquitos.  Clavar mis dientes en tu cuello.  En tus hombros.  Como murmurando placer.  Sin la intención de marcarte, sino la de extraerte placer.  Y mientras más te mordía, más te retorcías de gusto.  Y estirabas el cuello hacia atrás.  Te gustaba.

— ¿Satisfecha?

— Pero claro.  Yo soy muy sexual, sin tapujos.  Mujer que tiene y le gusta el sexo.

— ¿Una invitación?

— Siempre quedó algo inconcluso.

— ¿Entonces?

— Me gustaría que escribieras de amigos que juegan.

— Cuéntame…

Foto: La Grande Danse macabre des vifs, Martin Van Maele, dominio público.

Sí, señora…

Plumber key - Photo by Audrius Meskauskas

por Reynaldo R. Alegría

Cuando Edelmiro bajó del techo, Ana lo estaba esperando con un vaso de refresco de limón.

El juicio deficiente de Edelmiro, su errático comportamiento antisocial, su carácter desinhibido y poco fiable, su piromanía adolescente y el que nunca se ponía nervioso, me hacían dudar de su reputada idiotez y temerle como al perfecto psicópata.

Ana sabía que él la espiaba y ahora lo miraba fijo a su sexo pretendiendo lograr con sus ojos lo que debían hacer sus manos.

— Toma, para que te refresques… que ese sol está que pica…

— Gracias.

— Entra por favor, que quiero que me revises la mezcladora de la bañera en mi cuarto.

— Sí, señora.

En el barrio de Miramar, todavía quedaban varios edificios de apartamentos por pisos cuyos dueños aún vivían en uno de los pisos y alquilaba el resto.  Ana vivía en el tercer piso del edificio de su madre, quien había enviudado y vivía sola en el primer nivel.

— ¡Ana! ¿Todo está bien? —gritó su madre.

— ¡Sí!

Por alguna razón que aún no logro descubrir, Ana y su madre se la pasaban el día entero gritándose entre los pisos.

— ¿Edelmiro terminó?

— ¡Me va a ayudar con otra cosa adentro!

— ¡Okay!

Ana aseguró la puerta con falleba y pestillo y tras percatarse de la erección que tenía Edelmiro lo mandó pasar al cuarto.

— Es que la mezcladora no está funcionando y no tengo agua fría.

— Sí, señora.

Mientras Ana se desvestía Edelmiro se hizo el desentendido.  Impávido, vio cómo ella recostaba su cuerpo de baja estatura, gordo y blanco sobre la cama.  Y esperó.

— Ven Edelmiro, yo sé que tú siempre miras.

— Sí, señora.

— Tápame la boca, que mi madre no nos puede escuchar.

— Sí, señora.

Después de haberla gozado, Edelmiro revisó la mezcladora del baño y tras hacer un pequeño ajuste con la mano se dirigió a Ana.

— ¿Eso es todo, señora?

— Sí, Edelmiro, gracias.

— ¿Vengo mañana?

— Por supuesto, a las 9 de la mañana.

Edelmiro se fue caminando y silbando As Time Goes By… un bloque más abajo entró a un edificio y tocó a la puerta de Inés.

— Hola Edelmiro… ¿tienes tiempo para ayudarme con algo?

— Sí, señora.

— Entra por favor, que quiero que me revises la mezcladora de la bañera en mi cuarto.

— Sí, señora.

Foto: Plumber key. Photo by Audrius Meskauskas

Corazón trasplantado

Corazon por Erechel

por Reynaldo R. Alegría

Dicen que cuando se muere uno conocido, se mueren tres.

Un miércoles en la noche, al terminarse la misa diaria a la que solía asistir, el Padre Francisco nos dio la triste noticia de que Cheo había muerto.  Todos queríamos a Cheo.  Él fue presidente del Club de Jóvenes de la Parroquia y estaba casado con la mujer perfecta con quien tenía la relación perfecta, con la que había procreado los hijos perfectos y quien además de gozar del trabajo perfecto como ingeniero, ahora era Presidente del Consejo Parroquial.  Cheo llevaba una vida frugal.  Comía poco y liviano, hacía ejercicios diarios y no tomaba ni fumaba.  Parece que su condición de hipertensión arterial de naturaleza genética le ordenó un inesperado paro cardíaco a los 42 años.

Esa noche no podía conciliar el sueño.

A mis 39 años ya he tenido varios sustos relacionados a mi corazón.  Tras un cateterismo donde me detectaron una lesión de tres vasos con estenosis del 90 %, 85 % y 75 %, me practicaron una revascularización coronaria con la arteria mamaria y la vena safena.  Llevo varios meses esperando por un trasplante, es por eso que inmediatamente me ilusioné con el corazón del Hermano Cheo.

A las cuatro de la madrugada sonó el teléfono cuando aún permanecía mirando al techo raso.

— Buenas noches, es el Padre Francisco.

— ¡Padre! ¿Algún problema?

— Por el contrario, hijo. Dios te ha premiado con el corazón de Cheo, debes ir de inmediato al Centro Cardiovascular para una intervención de urgencia.

— Dios es bueno, Padre…

Antes de entrar a la Sala de Operaciones sólo recordaba tantos artículos que he leído en internet sobre los efectos de un corazón trasplantado.  Dicen que el corazón no es solamente un músculo.  Dicen que tiene memoria, como las almohadas de foam.  Dicen que en los trasplantados de corazón se manifiestan sensaciones y sentimientos del donante.  Dicen que en el corazón se almacenan cosas que luego siente el trasplantado.  Dicen que a las personas sensibles les pasa más.

Gracias a Dios la operación fue un éxito y en la Parroquia me organizaron un recibimiento de héroe.  Durante la celebración me sentaron en un prominente lugar desde dónde podía disfrutar cómodamente del evento.  Terminada la homilía, el Padre Francisco le pidió a Ana que leyera una biografía de Cheo, el Hermano Cheo, y otra mía –a quien se refirió como Cheíto.

Cuando Ana se paró a leer sentí una corriente de sangre que me recorrió el cuerpo, entraba urgente a mi nuevo corazón y salía bombeada con una fuerza misteriosa.

— ¡Quiero comerme eso!

— ¿Qué cosa, mi vida? –Preguntó mi esposa.

Me quedé mudo.  No sé de dónde, ni cómo me salió esa expresión…

— No sé, mi amor… me salió del corazón…

Ana tenía alrededor de 40 años, era muy alta y muy delgada, con un bonito color de piel tostado y con uno de los rostros más feos que hubiese conocido.  Soltera, sin hijos y sin novio conocido, Ana había entrado a una orden de monjas de donde había salido expulsada por su terrible falta de inteligencia; ahora se dedicaba a dar clases de religión a niños en la escuela y a comer santos todo el tiempo que le quedara libre.

— Está para chuparse los dedos…

— ¿Cómo dices?

— Que tengo hambre y me chuparía hasta los dedos…

Terminado el evento me acerqué a Ana en la sacristía.

— Estás para comerte todita poco a poco…

— ¡Cheo! Digo… ¿qué dijiste?

— Que eres un bizcochito y yo tengo tu frosting

— No me digas que ese sinvergüenza de Cheo te dijo algo…

— Dale, vamos al baño…

— Pero Cheo… digo…

Esa tarde navegué horas en internet… la experiencia de algunos aparenta demostrar que la persona que dona su corazón sigue viva… o al menos hay una parte que sigue viva.  Parece que así como el cerebro, el corazón también tiene células nerviosas capaces de guardar información y fijarla al ADN.

El próximo domingo cuando terminó la Misa, como siempre fui a la sacristía.

— ¿Cómo te va, Cheíto? –Preguntó Padre Franciso.

— Súper Cheo, Padre… Súper Cheo –dijo Ana.

Foto: Corazón por Erechel