Diario – No Soy Mujer Infiel

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19 de enero de 2014

Aplicaréis al hombre o a la mujer adúlteros cien latigazos a cada uno.

Sura 24:2

Soy una mujer con dos hombres.  Pero no soy infiel.

Soy monógama.  Nunca podría ser infiel.  Aunque te tenga a ti y lo tenga a él.

No soy mujer infiel.

Creo en la fidelidad.  Me producen una gran indignación los hombres que sabiendo que soy mujer comprometida con otro hombre se ponen coquetos conmigo.  Particularmente los amigos de él.  Tratando de tentar mi fidelidad.  Son tan predecibles los hombres.

Hay cosas que los hombres nunca entenderán.  Quizá por eso haya más mujeres infieles que hombres.  Pero yo no.  La infidelidad sólo puede ocurrir entre personas que se aman.  Lo cual no es mi caso.  Yo solo te amo a ti.  Es por eso que no puedo serle infiel a él.  Parece una sutilidad.  Como sutil es la diferencia entre fellatio e irrumatio.  En una hay mera complacencia, en la otra hay poder y control.

A veces me pregunto si solamente se puede ser fiel o infiel.  Si no hay puntos medios.  La que es infiel tiene que sentirse culpable de sus actos.  Yo no.  Duermo bien todas las noches.  Yo sólo he estado contigo.  Y me gusta.  Me encanta.  Me fascina.  Me vuelve loca.  Fue algo yo que busqué.  Yo lo provoqué.  Fui yo quien se metió en tu cama.  La que te hizo el amor primero.  La que te sedujo.  Por eso siempre he tenido el control, aunque tú creas lo contrario.

Ni siquiera puedo decir que se trata de amores distintos.  Aunque reconozca que es posible amar a dos hombres al mismo tiempo.  Ese tampoco ese es mi caso.  A ti te amo.  Con él convivo.

Él ni siquiera me cela.  ¿Puedes creerlo?  Le soy leal a él porque lo respeto, porque nadie sabe lo nuestro.  Porque él sabe que no lo amo.  Nunca se lo he dicho.  Hay cosas de la que no se habla.  Él tiene que sentirlo.  Aunque no toleraría que se vaya, a veces me pregunto por qué no lo hace.  No se va porque no me ame, o no lo ame, sino porque tiene un terrible temor de quedarse solo.  Un miedo espantoso y fantasmal.  Porque la inseguridad lo controla.  Como yo te controlo a ti.  Solamente con mi amor.

No hay una sola fidelidad, como no hay un solo tipo de orgasmo.  Como no se puede ser infiel con la mente, ni deseando lo ajeno.  La infidelidad es un actos real, no imaginario, en contra del amor.

Cuando salgo de mi casa a encontrarme a escondidas contigo, no lo hago porque me sienta aburrida, insatisfecha o menoscabada.  No estoy curiosa.  No me siento sola.  Confieso que esto que tengo contigo, con ustedes dos, me hace sentir poderosa.  Me siento más protegida teniéndolos a los dos.  El me da la maternidad; una familia.  Tú me das el amor.  Cada uno me da lo que no puede darme el otro.  La nuestra es una relación amorosa y erótica.  Tú me provocas muchos orgasmos.  De muchos tipos.  El que más me gusta es el que logras con solo acariciar mi piel.  Sólo tú.  Sólo contigo.

Sabes, sin embargo, que por más que te ame, nunca podríamos vivir juntos.  No nos toleraríamos.  Por eso nuestros encuentros son tan efímeros.  Exiguos.  Ocasionales.  Para no que no se nos gaste el amor.  Para que sea infinito.  En la infidelidad hay aventura.  Peligro.  A eso nosotros hemos renunciado.  En nuestro caso hay pasión.  Solo nuestro amor está en riesgo.

Si la infidelidad es traición y perfidia, nosotros le hemos programado una ventaja.  Sabiendo que no podemos estar juntos por mucho tiempo, escogemos lo mejor.  Amarnos.  Sin engaño.  Sabiendo que el sexo extramarital solamente es dañino cuando se ama a la persona con la que se convive.  Cuando se atenta contra eso.

Aquí no hay pacto que haya violado.  No hay acuerdo afectivo incumplido.  Soy consciente.  Él es consciente.  Tú eres consciente.  No tengo intención de hacerle daño.  A ti tampoco.  Siempre he cumplido.  Soy fiel a ambos.  Los tres estamos claros.

Foto: La fête de l’Ordre des Cocus devant le trône de Sa Majesté, Infidélité.  Dominio público.

Diario del Amor Prohibido

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13 de enero de 2014

Me está prohibido amarte.  Vedado.  Impedido. Pero te amo.  Entrañablemente.  Mi amor por ti es como el del pez por el agua.  Obligado.  Sin dominio.  De permanente domicilio.

Te amo tanto y a veces tan poco, que no puedo decírtelo.  Ni a ti ni a nadie.  Como tampoco a él puedo decirle que no lo amo.  No puedo decirle que es a ti a quien amo.  Aunque ese amor sea escaso.  El me cuida.  Siempre.  No frugalmente.  Como lo haces tú.  Él me ha dado tanto.  Una hija.  Con él tengo tan poco.  Una frágil familia.  Quebrada.  Débil.  Pero es bueno tener familia.  Aunque la nuestra dependa de mi fortaleza para tolerar lo insoportable.  Es como un tronco ancho y pesado de madera que cargo sobre un hombro.  En el otro hombro estás tú.  Tus deliciosos besos.  Tu sexo.  Intenso pero a la vez liviano.  Lo que tampoco puedo decir.  Ni a ti ni a nadie.

No hay nadie a quien confiar mis secretos.  Una mujer no puede revelar sus secretos de amor verdadero.  No se le puede decir a un hombre que alguna vez hubo –hay– un amor verdadero.  Un amor.  Una conexión espiritual que sólo se siente cuando se ama.

Estando contigo he sentido que puedo alzar la mano y tocar las estrellas.  Sólo contigo.  Jamás soñé ese momento.  Descubrí que lo que estaba pasando trascendía la aventura.  Tuve urgencia de perspicacia.  Deficiencia de comprensión.  Hay algo en tus ojos que me transportan a otra época.  El intercambio de miradas contigo provoca una conexión entre nuestras almas.  Una unión inexplicable donde sólo sentirte dentro de mí se impone como lo correcto.  Como si mi trascendencia espiritual te hubiese estado esperando por siglos.

La serenidad que me provocaba que me toques deja mi mente en blanco.  El tiempo que te tomas para descubrir mi cuerpo me transporta en un viaje astral.  No pienso.  Los segundos se multiplican y mi alma vuela lejos.  En mi mente no hay pensamientos.  Me dejas en blanco.  Sólo nosotros.  Sentir que me amas.  Que soy delicada para ti.

Cuando nos amamos creamos energía.  Intensidad.  Cuando penetras mi cuerpo y alcanzamos las cumbres mirándonos a los ojos, el poder que se crea extrae el alma de mi cuerpo.  Quedo iluminada.  Liberada de deseos.  De conciencia.

Soy dichosa.  En poderlo entender.  Apreciar.  Desear.  Sabiendo que pocos podrían entender lo que sólo algunos hemos vivido.  Almas errantes.  Por siglos.  Vueltas a encontrar.  Tengo temor de nunca volver a sentir lo que he sentido.  Ni siquiera contigo.  Te estoy tan agradecida por esa experiencia.  Quizá por eso te siga amando.  Aunque sea prohibido.

Por el momento, con sigilo debo ocultar lo reservado.  Pero debo dejar constancia de mis caminos por estas tierras.  Debo dejar constancia de mis hechos.  He decidido escribir un diario que sólo podrá ser leído por mi hija a mi muerte.  ¡Caiga la condena del desamor a quien viole este deseo!